Nuestros programas impactan a personas en Perú que no tienen otra forma de escuchar la Palabra de Dios

Nuestros programas impactan a personas en Perú que no tienen otra forma de escuchar la Palabra de Dios

¿Hace alguna diferencia si incrementamos el número de medios que transmiten nuestros programas? Podríamos decir que la posibilidad de tener a alguien que viene a conocer al Señor a través de nuestro programa, o alguien que crece espiritualmente a través de la exposición de Su Palabra, está siempre allí. Sin embargo, mientras consigo ver de primera mano el impacto de nuestros programas en personas que no tuvieran otra manera de escuchar la Palabra de Dios, he obtenido una perspectiva de mi responsabilidad como misionero con El Camino de la Vida. No mucho tiempo atrás tuve el privilegio de conocer a Luis, un joven que por varios años ha estado sufriendo de una extraña enfermedad física que endurece los huesos, por lo que él es incapaz de mover sus articulaciones. Los únicos huesos que él puede mover son sus manos y sus dedos. Su pie derecho está torcido, por lo que con el fin de mover su cuerpo apenas unos centímetros, debe hacerlo con pequeños movimientos alternativos de un lado a otro su cuerpo. No puede mover la cabeza y su mandíbula está dura. Puesto que no puede moverse, durante la noche se puede ahogar fácilmente. Últimamente ha estado sufriendo de úlceras debido a la falta de movimiento; por lo tanto, su mamá tiene que mover su cuerpo cada una o dos horas.

El padre de Luis falleció hace dos años, después de una difícil batalla contra el cáncer. El principal ingreso para Luis y su madre era el trabajo que ella tenía como lavandera. Por lo que, ella tuvo que renunciar a su trabajo para cuidar de Luis. A pesar de estas situaciones, ¡él nunca se queja! Desde que Luis está en cama todo el tiempo, todo lo que ella puede hacer es escuchar la radio. A través de una estación de radio local, Luis escucha nuestros programas. Mientras lo visitaba, el me dijo: “Tus programas radiales son un alimento espiritual que necesito para mantenerme confiando en que Dios tiene el control de mi vida. Agradezco al Señor, porque puedo sentir que el amor de Dios me rodea”. Visité a Luis con el propósito de animarle a confiar en el Señor, pero al final de esta visita, fui profundamente animado por la fe de Luis. Glorifico al Señor, porque mi iglesia ha respondido a las necesidades de Luis y de su madre, y estamos recaudando los fondos necesarios para ayudar a Luis y a su madre con sus necesidades.

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