|
|
PROMESA SIN CUMPLIMIENTO ES MENTIRA
Las batallas navales en el océano Pacífico durante la segunda guerra mundial fueron intensas. Allí los jóvenes marinos de 18, 19, y 20 ańos, con experiencias que les hicieron ver la posibilidad de muerte a temprana edad, crecieron, maduraron, y se convirtieron en adultos en forma rápida. No solo eso, sino que en esos momentos muchos pensaron en Dios, y le oraron, más que lo que habían hecho en toda su vida.
Conversando con un veterano de aquellas batallas, me contaba cómo en una ocasión el barco en el que él se encontraba había sido destruido y cómo él, y los demás sobrevivientes, habían tenido que abandonarlo en pequeńas embarcaciones. Pero la batalla continuaba, y mientras desesperadamente se abrían paso en el agua hacia otro de los barcos americanos, él podía ver como los torpedos les pasaban zumbando a un lado y al otro, a tan sólo unas pulgadas de la pequeńa embarcación. Con sólo que uno de aquellos proyectiles medio rozara la lancha era suficiente para que explotara, y que en fracción de segundos todos ellos fueran convertidos en puros fragmentos. Me cuenta este hombre, que en esos momentos los cortos 18 ańos de su vida vinieron a su mente como una rapidísima sucesión de eventos. Recordó a sus padres, a su novia; cómo ella le había invitado tantas veces para asistir a su iglesia, y cómo él había dicho no tener interés. Pero en esos momentos, cuando vivir cada segundo parecía ser un logro imposible, el corazón y la mente de aquel joven dijeron en unísono: "Dios, te prometo , que si me sacas con vida de esto, iré a la iglesia con mi novia, y haré lo que tú quieras". El hecho de que él pueda contar esto, más de cincuenta ańos después, nos indica que sí salió con vida. Pero también cuenta él que cuando regresó de esa terrible guerra, cumplió con su promesa. No solo de ir a la iglesia con su novia, sino de hacer lo que Dios quería que hiciera. El resultado fue una vida totalmente cambiada; consciente de la brevedad de la vida, y de la posibilidad de pasar a la eternidad en cualquier momento; una vida con una constante determinación de servir a Dios en todo. Es indudable que muchos otros, en aquella, y en otras batallas, hicieron una promesa similar. Una promesa a Dios de que si Él les protegía en esos cruciales momentos, que ellos le pondrían atención y le obedecerían. Pero conociendo la naturaleza humana: żCrees tú que todos cumplieron con esa promesa? Es muy fácil para nuestros labios apresurarse a decir lo que en un momento de desesperación nos pueda sacar del apuro. Esto lo hacemos casi a diario. No solo al dirigirnos a Dios, sino al hablar con los demás. Fácilmente prometemos, pero cuando llega el momento de cumplir, es también fácil poner excusas para no cumplir. O si no, es también conveniente olvidarlo. żHay promesas en tu vida, que están todavía por cumplirse, y que deben cumplirse?
Dios nos conoce mejor que nosotros nos conocemos a nosotros mismos. Los sucesos relatados en la Biblia acerca de Israel forman un espejo en el que cada quien puede mirar el reflejo de su propia vida. En el pacto, o convenio, que Dios hizo con Israel, Él se comprometió a hacer una serie de cosas a favor de ellos, que iban de acuerdo con las promesas que había hecho a Abraham, y que repitió a sus descendientes, Isaac y Jacob. Josué, el sucesor de Moisés, afirmó en su libro que: "No faltó palabra de todas las buenas promesas que Jehová había hecho a la casa de Israel; todo se cumplió" (21:45). En cuanto al pueblo, cuando Moisés les expuso lo que en aquel convenio Dios requeriría de ellos, todos "respondieron en unísono: Todo lo que Jehová ha dicho, haremos" (Ex.19:7-8). Entonces, Dios les advirtió seriamente diciéndoles que si obedecían, y cumplían, con lo que les correspondía, que Él les bendeciría, pero que si no obedecían, y no cumplían, Él les maldeciría (Deut. 28). Israel necesitaba saber que comprometerse con Dios es cosa seria. Pero en la historia de Israel la declaración constante de Dios a través de los profetas es como las palabras de Jeremías cuando les dijo: "Esta es la nación que no escuchó la voz de Jehová, ni admitió corrección; pereció la verdad, y de la boca de ellos fue cortada" (7:28). Dios asevera que en ellos la verdad, la rectitud de palabra, y el cumplimiento de la promesa que habían hecho, desapareció de sus labios. Dios conoce la naturaleza humana, y por eso, aún antes de entrar a Canaán, Él claramente les advirtió: "Cuando alguno hiciere voto a Jehová, o hiciere juramento ligando su alma con obligación, no quebrantará su palabra; hará conforme a todo lo que salió de su boca" (Nm.30:2). Dios les hizo ver la importancia de cumplir con lo que se promete. Un voto a Dios, o un juramento a cualquier otro, nos liga a cierta obligación que no puede ni debe de ser quebrantada. La palabra "quebrantar" se usa en la Biblia con el sentido de "profanar, corromper, o deshonrar". Todos estos son sentidos que indican que las palabras o promesas que salen de tu boca, pueden estar sujetas a la falla, o corrupción de la intención original. Eso es lo que Dios no quiere que suceda. Dice Él: "Cuando haces voto a Jehová tu Dios, no tardes en pagarlo; porque ciertamente lo demandará de ti". Para evitar caer en esa situación de no cumplir, Dios dice entonces: "cuando te abstengas de prometer no habrá en ti pecado. Pero lo que hubiere salido de tus labios lo guardarás y lo cumplirás" (Dt. 23:21-22). Y ańade: "Mejor es que no prometas, y no que prometas y no cumplas. No dejes que tu boca te haga pecar, ni digas que fue ignorancia" (Ec. 5:5-6). Los votos o promesas a Dios son algo totalmente voluntario, algo que surge de nuestros labios ya sea porque queremos que Dios nos ayude con algo, o porque nos sentimos agradecidos con Él, y queremos honrarle con lo que haremos. Pero lo espontáneo de nuestras palabras debe de resultar en la realidad de nuestras acciones, y para no ser culpable de incumplimiento debemos evitar hablar impulsivamente, porque Dios no acepta excusas. El principio de obligación inviolable a lo que prometes, y la ventaja de no auto imponerte la carga de tener que cumplir con algo, es amplificado por Jesucristo cuando dice: "Habéis oído que fue dicho: No perjurarás, sino cumplirás al Seńor tus juramentos. Pero yo os digo: No juréis en ninguna manera; ni por el cielo, ni por la tierra, ni por tu cabeza. Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; o no, no, porque lo que es más de esto, de mal procede" (Mt. 5:33-37). Aunque en tiempos del Antiguo Testamento, dice Jesús, se acostumbraba a hacer promesas y votos a Dios, los cuales deberían cumplirse, yo os digo, asevera Jesús, que la misma certeza con la que debéis tratar vuestras palabras a Dios, debe de caracterizar vuestras palabras a los demás. Cuando dices algo, no debe haber necesidad de jurar para respaldar lo que dices; tus palabras deben ser definitivas desde el momento que las pronuncias. Cuando dices que algo es así, o que será así, que esa palabra sea suficiente. Y si es no, que también así sea. El problema está no solo en fallar en tus palabras a Dios; Hoy confrontamos una caótica situación, pues lo que las gentes se dicen o prometen entre sí, no se cumple. Desde los políticos hasta el más pobre y desposeído en una nación, mienten porque dicen y no cumplen. La Biblia identifica esto con lo que se opone y es contrario a Dios. Quien así se comporta la Biblia dice que es: "contumaz, hablador de vanidades, y engańador" y le compara a los cretenses de antańo que tenían la reputación de "mentirosos, malas bestias, glotones ociosos"(Ti.1:10-12). En contraste, a quienes verdaderamente pertenecen a Dios, Pablo les exhorta diciéndoles: "Dejad las palabras deshonestas de vuestra boca; no mintáis los unos a los otros. . . desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo. . . y siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo" (Col.3:8-9; Ef.4:25, 15). Dios conoce bien nuestra tendencia a prometer, olvidar, y no cumplir. La expresión más clara de nuestra pecaminosidad está en las mentiras que a diario salen de nuestra boca. Si piensas que esas promesas que se transforman en mentiritas no son tan importantes, considera esto: Dice la Biblia: "los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre" y los cataloga junto con los incrédulos, los homicidas, los hechiceros, y los idólatras (Ap. 21:8). żCuál es la solución al pecado, de hablar y no cumplir, y a la tendencia a decir lo que no es verdad? He aquí lo que dice la Biblia: "La palabra de Cristo more en vosotros y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Seńor Jesús" (Col. 3:16-17). Lo que necesitas es una vital relación con Cristo, con una clara expresión de su control de tu vida. |
![]() |
|