Necesidad de purificación | RPH 3694

Necesidad de purificación | RPH 3694

por Cornelio Rivera

La casa donde mi familia y yo vivimos está provista de agua de pozo. El problema es que esa agua, en su estado natural, no puede usarse. Si se usa para lavar la ropa, la mancha, también con el tiempo va dejando un residuo amarillento en las ollas de la cocina y en los lavamanos. Si hace esto al metal, a la ropa y a la porcelana, seguramente causará cierto daño a las personas si la toman por un período de tiempo.

Es la presencia de una cantidad excesiva de minerales lo que impide que el agua pueda usarse provechosamente tal como es. Lo que hacen esos minerales, nos deja saber que si el agua va a poder usarse necesita pasar por un proceso de filtración, que prácticamente la transforma en agua nueva, agua diferente, agua que sí es adecuada y provechosa. Hay cosas que en su estado natural no pueden usarse porque hacen daño, pues para que hagan bien, tienen que atravesar por un proceso especial.

El hombre en su estado natural exhibe ciertas características que en lugar de hacer bien, contaminan y hacen mucho mal a otros. Fue Jesucristo quien dijo que: “Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez” (Mc. 7:21-22). Si tan solo uno de estos estos contaminantes está presente en mí o en ti, tenemos la capacidad para causar extenso daño a aquellos con quienes nos relacionamos.

Como el agua de mi pozo, el hombre necesita purificación. ¿Has escuchado de uno, que como un cordero sin mancha y contaminación, nos puede sacar de nuestra vana manera de vivir, purificando nuestras almas? (1 P. 1:18-19, 22). Te hablo de aquel que dijo: “el que bebiere del agua que yo le daré…, será en él una fuente de agua que salte para vida eterna” (Jn. 4:14), y “el que cree en mí..., de su interior correrán ríos de agua viva” (Jn. 7:38). Te hablo de Jesucristo, si le dejas, Él es quien puede purificar tu interior.

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La casa donde mi familia y yo vivimos está provista de agua de pozo. El problema es que esa agua, en su estado natural, no puede usarse. Si se usa para lavar la ropa, la mancha, también con el tiempo va dejando un residuo amarillento en las ollas de la cocina y en los lavamanos.

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